TOC ESCOLAR. PAUTAS PARA LOS EDUCADORES

El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones, las cuales causan un elevado malestar psicológico e interfieren significativamente en las diferentes áreas de vida del paciente. Las obsesiones serían pensamientos, imágenes, impulsos y/o sensaciones que se dan de manera repetida e involuntaria causando niveles altos de sufrimiento, mientras que  las compulsiones serían las acciones, motoras y/o mentales, que el paciente llevaría a cabo para disminuir el malestar provocado por las obsesiones e impedir que el contenido de las mismas tenga lugar.

Los estudios en el área estiman que aproximadamente entre un 1% y un 4%  de niños y adolescentes padecen TOC. La detección temprana del trastorno es de suma importancia, ya que en la mayoría de los casos el trastorno tiende a agravarse con el paso del tiempo. En lo que respecta al tratamiento psicológico del TOC, la terapia de tipo conductual basada en la Exposición con Prevención de Respuesta (EPR) es la que ha demostrado mayor eficacia hasta el momento y suele complementarse con terapia cognitiva. La terapia cognitivo conductual en sus diferentes modalidades (individual, breve, familiar…)  también ha demostrado ser la más adecuada para el tratamiento del TOC infantil y adolescente. A diferencia de los casos de adultos con TOC, en los que el paciente puede escoger hacer o no partícipes en el tratamiento a personas de su entorno, en el TOC infantil  se hace necesaria la colaboración tanto por parte de los familiares más directos como de los profesores del alumno en cuestión. La comunicación y coordinación entre los padres, la escuela y el terapeuta es de vital importancia si queremos aumentar las probabilidades de éxito  a la hora de tratar el problema. A continuación, plantearemos algunas preguntas básicas que a cualquier tutor o profesor podrían surgirle ante  un posible, o ya confirmado,  caso de TOC infantil.

1.¿Cómo puedo saber si un alumno tiene TOC?

Hay que destacar que en los niños, sobre todo en los más pequeños, las compulsiones suelen estar más presentes que las obsesiones, por ello la mayoría de los criterios que expondré harán referencia  a las primeras.

¿En qué debería fijarse el profesor?:

  • El porqué de la acción: es importante preguntarle al niño la razón por la que lleva a cabo la supuesta compulsión. Por ejemplo, Mario (10 años) se viste y se desviste 4 veces antes de bajar a desayunar porque dice que así “a sus papás no les pasará nada malo”. Aunque esta información es muy relevante para un posible diagnóstico de TOC, el problema con los niños es que si son muy pequeños pueden no saber qué responder. En cualquier caso, siempre es conveniente preguntar por si pudiéramos obtener información útil.
  • El malestar: el grado de malestar psicológico del alumno puede ser un indicador de alarma muy útil para el educador.
  • La ritualidad: hay que observar si el alumno en cuestión siempre lleva a cabo las mismas conductas, el mismo número de veces, de la misma manera, en un preciso momento… Por ejemplo: Pablo (7 años), siempre cuelga y descuelga su abrigo de la percha 7 veces antes de que sea la definitiva. Lo hace todas las mañanas al entrar a clase cuando deja el abrigo y lo mismo al terminar el día. Aunque este puede ser un criterio muy útil, es importante recalcar que  no todas las compulsiones se manifiestan a modo de ritual, por lo que hay que tener cuidado de  no pasar por alto posibles compulsiones que puedan no ser rituales. 

      • Reacción al interrumpirle o prohibirle: la reacción que tenga el alumno al interrumpirle o prohibirle llevar a cabo la supuesta compulsión nos va a indicar hasta qué punto es necesaria o no para el alumno llevarla a cabo. Por ejemplo, si un día le decimos a Pablo que  hoy solo puede colgar su abrigo una vez y esto da lugar a que se ponga agresivo, empiece a llorar, o tenga una rabieta… Esta sería una respuesta  que debería poner al profesor en alerta. 
      • Grado de interferencia: si el tiempo invertido, la cantidad de acciones y/o el malestar que causan interfieren negativamente en la rutina, rendimiento escolar, vida familiar y/o en las relaciones del alumno. Por ejemplo: Marta (9 años) tiene que colocar todos sus lápices y bolígrafos de una determinada forma y tarda más de 15 minutos en ponerlos “como tienen que estar”, de manera que nunca acaba a tiempo lo que la profesora manda en clase; en el recreo tiene otro tipo de compulsiones que le dificultan  relacionarse con otros niños porque “no puedo jugar hasta que no las termine”.
      • Comportamiento en casa: si el educador tiene sospechas de un caso de TOC, es conveniente que se ponga en contacto con los padres para conocer si  las conductas sospechosas, u otras similares, también tienen lugar en casa.

      ¿Cómo diferenciamos las manías típicas de los niños de un caso de TOC infantil?

      En ocasiones puede resultar complicado diferenciar  un caso de TOC infantil de manías típicas de los niños. Algunos de los criterios mencionados (especialmente el grado de interferencia y el nivel de malestar) pueden ayudar, tanto a profesores como a padres, a diferenciar una cosa de la otra. No obstante, el  diagnóstico siempre deberá realizarse por el profesional correspondiente tras una evaluación exhaustiva del paciente.

      ¿Hay algo que los profesores/educadores puedan hacer?

      Cuando hay sospecha de un posible caso, el profesor debe prestar atención al comportamiento del alumno y comunicarse con él en relación al tema  para poder dar respuesta a los criterios anteriormente mencionados, así como contactar con los familiares en caso de que las sospechas aumenten.

      Como he mencionado al principio de este artículo,  la colaboración del profesor es fundamental tanto en la detección temprana del problema como en el posterior tratamiento en caso de que se confirme un diagnóstico de TOC. Es importante que se sigan las pautas indicadas por el terapeuta y que haya una fluida comunicación bidireccional  terapeuta-educador para que el paciente tenga más posibilidades de recuperarse. Si el educador tiene preguntas a la hora de llevar las pautas o cómo reaccionar en determinada situación, no debe dudar en contactar con el terapeuta. Como tampoco debería de dudar en contactar a los padres siempre que sea necesario para conseguir esa coordinación que comentábamos al principio.

      ¿Hay algo que los profesores no deban de hacer?

      No se debe llamar la atención al alumno delante del resto de la clase cuando lleve a cabo una supuesta compulsión. Si el profesor tiene que decir algo al alumno, debería hacerlo en privado y siempre desde la comprensión y la aceptación. Tampoco es recomendable castigarle o reñirle por ello. Este tipo de conductas podrían aumentar sentimientos de tristeza, soledad, incomprensión y ansiedad, entre otros. El educador tampoco debería permitir que otros niños se mofen del alumno en el caso de que sus supuestas compulsiones sean muy visibles para los demás.

      Como nota final, me gustaría recalcar que el TOC  puede llegar a ser un trastorno muy limitante reduciendo mucho la calidad de vida de quién lo padece. Por ello, no hay que infravalorar la importancia de una detección temprana del trastorno, ya que con ella podemos ahorrar mucho futuro sufrimiento tanto al paciente como a sus familiares.

      Fuente: Dra. Sara LLorens Aguilar – CV11230

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